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Fundac. de Patrimonio, Junta de C y L. y Ayunt.
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Meses de verano: abierto además jueves y viernes. De 11 a 14 hrs. y de 17 a 20 hrs.
Meses de invierno: (desde el 16 de septiembre) de 11 a 14 hrs. y de 16 a 19 hrs.
*Para visitas fueras de estos horarios, contactar con: SERVIOCIO-SIGLO XXI S. L. (987 223 102 / 609 261 146).
El Aula se encuentra instalada en un edificio de nueva construcción junto a las escuelas y el polideportivo de la localidad. Está compuesto por dos espacios claramente diferenciados: una gran sala interior y un recinto anejo al aire libre con reconstrucciones de aquella época.
En el cerro de La Corona y, bajo el mismo, en el llano de El Pesadero, permanecen enterrados los restos superpuestos de varios poblados prehistóricos y talleres romanos, surgidos gracias a las excelentes condiciones estratégicas y a la riqueza agrícola de este terreno, regado y protegido por un arroyo cercano y por los ríos Eria y Órbigo, que discurren en sus proximidades.
Este lugar estuvo habitado a finales de la Prehistoria e inicios de nuestra era, como demostró un estudio arqueológico llevado a cabo en 1997, tras el cual ha quedado parcialmente cubierto por el trazado de la Autovía de las Rías Bajas.
Entre los siglos VII y VI a.C., en el Llano de El Pesadero, se asentaba una pequeña aldea de agricultores y ganaderos. Sus cabañas, construidas con adobes y ramajes, se distribuían desordenadamente en torno a estrechas callejas, junto a otras dependencias. Unos dos siglos más tarde comienza para el asentamiento la época Astur, fase en la que se incrementa de forma notables su superficie, llegando a ocupar el Cerro de la Corona. Paulatinamente se van imponiendo las viviendas de planta rectangular que se distribuyen en manzanas con calles perpendiculares y en torno a patios o vestíbulos empedrados, mejorando la organización urbana.
En el siglo I se produce una nueva ocupación en la llanura de El Pesadero, una instalación alfarera compuesta por seis edificios dispuestos alrededor de un patio central empedrado. Este taller abasteció durante siglo y medio a los asentamientos romanos próximos, villas rurales, nucleos urbanos e incluso al propio campamento militar de Pentavonium, en Rosino de Vidriales. Tras el hundimiento de uno de los dos hornos de la factoría, a mediados del siglo II, el lugar queda definitivamente desocupado.